
ISSN 1851-0027
Año
2008. Número 2: 110-128
www.comechingonia.com
Estructuración social y producción agrícola prehispánica durante el primer milenio d.C. en el Valle de Tafí
(Tucumán, Argentina)[1]
Recibido el 2 de febrero de 2008. Aceptado el 20 de febrero de 2008
Tesista: Valeria Leticia Franco Salvi
Becaria CONICET. Centro de Estudios Históricos Prof C. A. Segretti.
Director: Dr. Eduardo E. Berberián
CONICET. Centro de Estudios Históricos Prof C A Segretti
Resumen
Este proyecto intenta delinear los objetivos fundamentales y el marco explicativo de una investigación que tendrá como problemática fundamental el análisis de las diferentes estrategias de producción agrícola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de múltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel económico y social en el área Norte del Valle de Tafí (Provincia de Tucumán, República Argentina).
Palabras Clave
Arqueología; Agricultura; Estructuración; Valle de Tafí
Abstract
This project tries to delineate the main aims the explanatory frame of an investigation that will have as essential problematic the analysis of the different agricultural production strategies implemented during the first millennium A.D. with the purpose of recognizing, by means of a multiple variable study, the processes of change that went on at economic and social levels in the North area of the Tafí Valley (Province of Tucumán, Argentine Republic).
Key Words
Archaeology; Agriculture; Structuration; Tafí Valley
Introducción
Este proyecto intenta delinear los objetivos fundamentales y el marco explicativo de una investigación que tendrá como problemática fundamental el análisis de las diferentes estrategias de producción agrícola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de múltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel económico y social en el área Norte del Valle de Tafí (Provincia de Tucumán, República Argentina).
La explicación del desarrollo del paisaje agrícola en el sector, de tecnologías productivas y sus implicancias en la organización social serán replanteadas apelando a la “teoría de la práctica” (Bourdieu 1977; 1988) y a la “teoría de la estructuración” (Giddens 1995).
Actualmente, la ausencia de documental escrito y oral no constituye un impedimento para la interpretación de los procesos históricos prehispánicos. Por el contrario, el registro arqueológico y el paisaje agrícola establecerán la información empírica fundamental para el estudio de los procesos sociales durante un milenio en el Valle de Tafí.
Antecedentes
Las primeras noticias sobre restos arqueológicos en el Valle de Tafí fueron dadas a conocer desde fines del siglo XIX especialmente por naturalistas, viajeros y exploradores. Esta información constituye un testimonio empírico fundamental en relación a la descripción realizada a los denominados “menhires” (monolitos de piedra pulida, grabados o lisos), sitios específicos (i.e El Mollar; El Lamedero) y espacios productivos (Ambrossetti 1897; Quiroga 1899; Lafone Quevedo 1902 y Bruch 1911).
Las investigaciones arqueológicas sistemáticas se iniciaron a mediados del siglo XX por un equipo de investigación encabezado por González (1960) tratándose de las primeras excavaciones intensivas en el Valle. No obstante, con anterioridad Bennett et al. (1948) habían definido, desde una perspectiva normativa de la cultura, los principales datos disponibles para Tafí, aunque se consideró que no habían suficientes elementos para establecer relaciones con otras regiones, ni para ubicarlas temporalmente.
Con rigurosa metodología para la época, González y Nuñez Regueiro (1960) excavaron en dos sectores del Valle: El Mollar y Tafí. En el marco de estas investigaciones se obtuvieron las primeras dataciones radiocarbónicas ubicando cronológicamente entre el 200 a.C y 800 d.C a los materiales recuperados, definiendo su contexto cultural y planteando que la agricultura habría sido la base de la economía debido a los numerosos andenes o terrazas observados en la región (González 1960; González y Nuñez Regueiro 1960).
A partir de la determinación de un contexto témporo-cultural inicial se fue conformando en la región una sólida caracterización en referencia a la cronología (González y Nuñez 1960), patrón de asentamiento (Cremonte 1988, Berberián y Nielsen 1988, Berberián y Giani 1999), funcionalidad de sitio (Sampietro y Vattuone 2005), tecnología, subsistencia (Berberián y Nielsen 1988), condiciones climáticas (Sampietro Vattuone 2001) postergándose, con ciertas excepciones el estudio de los espacios de producción agrícola.
Berberián (1995) analizó desde un enfoque ecológico-cultural aplicando los lineamientos de la arqueología espacial y la arqueología experimental, las pautas de explotación económica del valle. Propuso dos variantes de cultivo que formarían parte de dos sistemas de asentamiento (Berberián y Nielsen 1988): el primer sistema y el más antiguo habría correspondido a un patrón de unidades domésticas dispersas entre campos de cultivo, el segundo, se correspondería a una etapa posterior ligada a un modelo de explotación agrícola de carácter intensivo con estructuras complejas de retención del suelo y riego (andenes, terrazas y canales) que coexistieron con modelos de explotación extensiva. Esta hipótesis fue contrastada con estudios experimentales a fin de obtener información sobre las estrategias adaptativas implementadas por las entidades socioculturales que habitaron el Valle de Tafí (Berberián y Nielsen 1988, Berberián 1995, Giani y Berberián 1999).
En las excavaciones del Sitio “Casas Viejas- El Mollar” dirigidas por Nuñez Regueiro se ha identificado, mediante análisis arqueobotánicos, las especies cultivadas entre el 100 a.C y 200 d.C planteando la importancia de los recursos cultivados y otorgando una aproximación al conocimiento de la agricultura durante el Formativo en Tafí (Carrizo et al. 1999). Sin embargo, se trata de un trabajo preeliminar que necesita ser complementado con otros estudios incluyendo el estudio específico de los espacios de producción muy recurrentes en la zona sur (i.e andenes de cultivos, unidades de almacenaje, etc). Asimismo, en el sitio “El Tolar” se distinguieron líneas de despedre, andenería y canales derivadores y de drenaje en unas 844 ha en el cono del Río Blanco (Sampietro 2002).
A nivel regional, diversas investigaciones arqueológicas han empezado a percibir como objeto de estudio a los espacios de producción agrícola despertándose un fuerte interés en comprender la forma en que éstos funcionaron y fueron administrados. En la quebrada de Tebenquiche Chico, cuenca subsidiaria del Salar de Antofalla, Haber y Quesada presentan un estudio centrado en el diseño de las redes de riego cuya reconstrucción les permitió interpretar las escalas espaciales y temporales del trabajo campesino y el modo en el cual el paisaje agrícola alcanzó una notable extensión sin implicar escalas sociales supradomésticas (Quesada 2006).
En el Valle del Bolsón (Dpto. Belén, Provincia de Catamarca) estudios centrados en la producción para la comprensión de la organización del trabajo y el cambio social vienen realizándose por Korstanje (2005) y su equipo. El trabajo se centra en los campos agrícolas y corrales propiamente dichos a través de estudios de suelos, sistemas de regadío, macro y microrestos vegetales, condiciones ambientales, etnoarqueología,etc. Se analizaron los sistemas productivos vinculados al Formativo Inferior y Medio en función de distinguir cambios en la infraestructura productiva factibles de relacionar con cambios en las relaciones de producción (Korstanje 2005).
Cerca del Bolsón, en la Prepuna, se vienen realizando importantes investigaciones en torno a una aldea agrícola Formativa denominada “Piedra Negra” en la cual se encontraron numerosas redes de riego que servían a conjuntos de parcelas de piedra (Albeck y Scattolín 1984, Delfino 1999). En los valles bajos, la falda Occidental del Aconquija, Scattolín ha detectado concentraciones de estructuras agrícolas que ocupan superficies relacionadas con unidades domésticas dispersas siendo ambas analizadas comparando la distribución y magnitud (Scattolín 1990).
En definitiva, pasado un siglo de investigaciones arqueológicas en la región se puede observar la importancia del estudio de la producción agrícola para lograr una compresión más acabada de los procesos sociales y económicos sucedidos durante mil años en el Valle de Tafí.
Delimitación Espacial y Temporal
La investigación propuesta se localiza en el sector Norte del Valle de Tafí al noroeste de la provincia de Tucumán, Argentina. El valle posee una extensión de 15 Km de largo, de Norte a Sur y 5 Km de ancho de Este a Oeste, presentando una forma ligeramente triangular. El borde oriental lo forman las Cumbres Calchaquíes, las de Mala- Mala y de Tafí. El límite occidental lo constituye el cerro Muñoz, extremidad norte de las Sierras de Aconquija y por el Sur cierra el valle, el cerro Ñuñorco Grande, ubicado entre las cumbre de Mala-Mala y el cerro Muñoz.
La totalidad del valle puede ser dividida, considerando criterios geomorfológicos en dos secciones: una alta y estrecha, al Norte y otra más baja y extensa al Sur, ambas separadas por el cono de deyección del Río Blanco.
El sector Norte del Valle, establecido entre los 3000 y 2000 m.sn.m, es angosto y elevado debido al relleno producido por el material de acarreo procedente de los conos de deyección que descienden de las serranías que lo circundan (Berberián 1995). La zona arqueológica a estudiar comprende los sectores de “La Bolsa”, “Carapunco” y “El Infiernillo”.
A nivel general, la vegetación habría poseído las características de las praderas de altura, con abundantes pastizales tiernos, hierbas y gramíneas. La única vegetación arbórea se encontraría en las bocas de algunas quebradas del valle correspondiendo a pequeñas comunidades de alisos con algunos algarrobos y acacias (Cabrera 1971). Las condiciones climáticas habrían sido más frías y húmedas que las actuales otorgándole un ambiente próspero para la producción agrícola (Sampietro Vattuone 2001).
El estudio se centrará en el primer milenio d.C, dentro del cual se ubican la mayoría de las dataciones radiocarbónicas realizadas hasta el momento en contextos correspondientes a la entidad sociocultural “Tafí” correspondiendo al Período Formativo dentro del Noroeste Argentino.
Este proceso se caracteriza por la aparición de un modo de vida sedentario generalizado, basado en la producción agropastoril culminando con el establecimiento de los primeros asentamientos nucleados permanentes o aldeas (Nielsen 2001). La adopción de una amplia gama de tecnologías, como la producción de cerámica y metales, la textilería, el pulimento de la piedra, etc son propios de este período (Olivera 2001, Tartusi y Nuñez 2001, Albeck 2000).
Objetivos
Objetivo General
Analizar las diferentes estrategias de producción agrícola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de múltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel económico y social en el sector Norte del Valle de Tafí.
Específicos
▪ Identificar las diferentes formas de cultivo reconocidas en la superficie del sector Norte del Valle de Tafí analizando diversos indicadores: uso y aprovechamiento del suelo, tecnología del manejo del relieve, las especies vegetales cultivadas, recursos hídricos y estructuras arquitectónicas relacionadas.
▪ Evaluar los mecanismos implementados para reducir los riesgos de producción (i.e. construcción de represas, almacenaje de recursos, intercambio, etc.) y el costo que estas estrategias habrían conllevado, a fin de analizar el impacto socioeconómico de las inversiones en la producción agrícola a largo plazo.
▪ Asignar una cronología específica a las diferentes estructuras de cultivo con el fin de constatar la existencia de una coherencia entre el desarrollo del sistema de asentamiento y la expansión y retracción de las construcciones agrícolas, reconociendo la relación entre ambos.
▪ Caracterizar los cambios y permanencias en los aspectos tecnológicos y organizacionales de la producción agrícola en el sector Norte del Valle de Tafí con el fin de reconocer desde una perspectiva diacrónica, los procesos de formación y crecimiento de los espacios productivos en los diferentes momentos del período analizado.
▪ Reconocer cómo se administraron la fuerza de trabajo y los medios de producción para examinar las diferentes estrategias de producción agrícola que se fueron estableciendo como respuesta a distintas motivaciones (vg conflictos, epidemias, presión demográfica, fluctuaciones de las condiciones climáticas y ambientales, etc).
El presente proyecto abordará los procesos de cambio desde una perspectiva estructurista/estratégica la cual se ocupa de la relación entre estructura y agencia considerando que las estructuras sociales son integradas por medio de la acción y la acción se conforma estructuralmente. De esta forma, la polémica entre las perspectivas “desde abajo” y “desde arriba” para la explicación del desarrollo de tecnologías productivas y sus implicancias en la organización social, puede ser replanteada y superada apelando a la “teoría de la práctica” (Bourdieu 1977; 1988) y a la “teoría de la estructuración” (Giddens 1995).
Estos enfoques reconocen, cómo las estrategias desarrolladas por agentes sociales para tomar control de recursos o capitales de diversa naturaleza, pueden entenderse como el principio activo del cambio social y económico (Nielsen 2001). No obstante, los actores no habrían sido los “creadores” de los cambios en una sociedad, sino que ellos los reprodujeron o transformaron y recrearon lo ya creado en la continuidad de una praxis. Por esta razón, el concepto de rutinización resultará fundamental para la comprensión del carácter transformacional de las acciones humanas que muchas veces no son capaces de prever, ni de controlar las consecuencias de un proceso de larga duración.
En contraposición a los planteos estructuralistas y funcionalistas, que tienden a considerar que la conducta humana es el producto de fuerzas no comprendidas ni gobernadas por los actores sociales los cuales son concebidos como efectos de una causalidad objetiva y por la objetividad social de los procesos históricos. Estos planteos consideran que se debe recuperar el plano consciente de la acción y que los procesos se dan sólo a través de la actuación de los agentes (Cohen 1986) aportando un dispositivo conceptual que pretende dar cuenta de la producción y reproducción de la vida social, sin permanecer en el plano estrecho del análisis estructural, incorporando el campo de las acciones humanas. Así cualquier referencia al sistema social que no contemple las prácticas de los actores, resulta tan insuficiente como la consideración de las actividades humanas, sin tomar en cuenta su conexión con el sistema social (Ortiz Palacios 1999).
En coherencia al enfoque planteado, el registro arqueológico será concebido como el resultado material de prácticas sociales (y de alteraciones post-depositacionales) de individuos (Shennan 1993), entendidos como sujetos históricos activos con objetivos propios, que toman decisiones y actúan de acuerdo a ellas, en un marco de condiciones tanto objetivas como subjetivas que los limitan (y no los determinan) y que son característica de un lugar y una época, intentando adquirir y mantener un status social deseable (Blanton 1995). Rutinariamente el registro fue generado mediante la sutil acumulación del despojo de las prácticas cotidianas, como si fuera una depositación natural, pero de la cotidianeidad de los actores sobre cotidianeidades previas (Haber 2006).
El diseño de los espacios agrícolas constituye en sí mismo una expresión material y tecnológica de estrategias sociales vinculadas al establecimiento y reproducción de determinadas relaciones de producción. Los espacios de producción son estructuras espaciales y temporales que condicionan la forma que toman los procesos del trabajo campesino y por lo tanto en cierto punto a las condiciones sociales de producción (Quesada 2005).
Las prácticas de los actores, las relaciones sociales, la negociación política y las estructuras de poder habrían sido restrictivas en la toma de decisiones agrícolas (Hastorf 1993). Por esto, las acciones de los agricultores habrían estado influidas por las características estructurales de contexto en el que crecieron y vivieron pero que al mismo tiempo ellos recrearon y también, hasta cierto punto, alteraron mediante sus acciones (Giddens 1991).
La agricultura no implica sólo un sistema económico, es a la vez un sistema social donde el alimento es producido por personas que trabajan en grupos de familia, cuidan la tierra y el agua, intercambian trabajo y quizás la cosecha (Hastorf 1993).
La economía y la producción agrícola no son causas suficientes de la transformación de sistemas políticos, aunque pueden participar en ella. Si crean o no la desigualdad política parece depender de las necesidades percibidas y las construcciones sociales de la población, el tipo de agricultura practicada y en la existencia de canales mediante los cuales algunos grupos o individuos adquieren control sobre otros actores en una sociedad (Hastorf 1993).
En síntesis, se propone una visión postestructuralista que no acepta la idea de una “historia sin sujeto” oponiéndose a las tesis extremas del estructuralismo concreto que reducen a los agentes a meros epifenómenos de la estructura. De esta forma, los procesos sociales y económicos ocurridos durante un milenio en Tafí del Valle serán considerados cómo la estructuración de sucesos en un tiempo y un espacio a través de la interacción continua de obrar y estructura; la interconexión de la naturaleza mundana de la vida cotidiana como formas institucionales que se entran por inmensos recorridos de tiempo y espacio (Giddens 1995).
Metodológicamente se considera que la configuración de los espacios de cultivo no sólo se orienta a la consecución de bienes de subsistencia, sino que es también el resultado de decisiones tomadas por sus constructores en relación a determinados objetivos productivos, procesos de trabajo y relaciones de producción (Quesada 2006). De modo que el diseño de los espacios agrícolas constituye en sí mismo una expresión material, tecnológica de estrategias sociales vinculadas al establecimiento y reproducción de determinadas relaciones de producción.
Para la detección de las acciones humanas en el registro arqueológico, es imprescindible considerar que la cultura material es el producto de acciones humanas individuales y/o colectivas donde todos los objetos materiales son el resultado de sumatorias de acciones continuas o discontinuas (Haber 2006).
El paisaje agrícola será analizado a nivel espacial y temporal por medio de múltiples variables. Espacialmente, Cobb y Garrow (1996) han propuesto un análisis a través de “escalas múltiples” las cuales consideran simultáneamente las diferentes escalas en las que existieron las relaciones reconociendo que la reproducción social tiene lugar tanto dentro, como fuera de los límites de la escala bajo consideración, ya sea una unidad doméstica, un sitio, valle o región.
Temporalmente, en base a la propuesta de Braudel (1968) se plantearán tres escalas en el proceso histórico: la corta duración (lo episódico), la media duración (lo coyuntural) y la larga duración (lo estructural). De esta manera, en las intersecciones entre distintas escalas de espacio-tiempo se hallan las intersecciones de estructuras y acciones que se intentarán conseguir en este proyecto.
Durante la primera etapa de investigación se realizará simultáneamente el trabajo de campo y laboratorio. Estos constituirán la base para la obtención de un conjunto de datos imprescindibles para el alcance de los objetivos general y específicos propuestos. Las actividades, métodos y técnicas se detallan a continuación:
▪ Realizar prospecciones y relevamientos en los espacios de producción agrícola que permitan, junto a las fotografías aéreas, confeccionar una cartografía de detalle.
▪ Seleccionar los espacios para realizar excavaciones en base al estudio de la cartografía y las características del paisaje agrícola que presenten los distintos sitios arqueológicos (v.g. campos aterrazados, sectores irrigados, espacios cultivados a temporal, áreas de almacenaje, etc) teniendo presente el estado de conservación, la asociación a otras construcciones, el emplazamiento y su representatividad.
▪ Obtener un perfil estratigráfico de las estructuras agrícolas y reconocer la forma de su construcción con el objetivo de determinar si fueron confeccionadas en el marco de un amplio proyecto planeado por un poder supradoméstico o si se trataron de prácticas agrícolas diarias a nivel doméstico.
▪ Asignar una cronología específica a los espacios de producción agrícola mediante: fechados radiocarbónicos de muestras orgánicas extraídas de las excavaciones realizadas en las diferentes estructuras presentes en el Sector Norte; relación espacial y estratigráfica con estructuras habitacionales que hayan sido fechadas con un método absoluto; relaciones estilísticas de artefactos (cerámica, lítico, etc.) presentes en las excavaciones.
▪ Obtener muestras de suelos verticales y horizontales tanto de las unidades domésticas como de los espacios de cultivo para el análisis arqueobotánico (Wurschmidt y Korstanje 1998/1999). De esta forma, mediante el estudio de los macro y microrrestos recuperados en ambos sectores adquirir información a cerca de qué cultígenos fueron explotados y consumidos.
▪ Determinar los sectores de producción extensiva a través de la extracción de muestras de suelos verticales realizando análisis químicos, que incluyen testeos extensivos de fósforo y análisis de Laboratorio de diferentes elementos (aluminio, bario, calcio, potasio, hierro, magnesio, manganeso, sodio, fósforo, estroncio, titanio y zinc).
▪ Analizar las evidencias materiales procedentes de las excavaciones en unidades habitacionales, relacionadas con la producción agrícola, incluyendo estudios tecnotipológicos de estructuras de almacenaje –silos-, vasijas relacionadas al almacenaje y procesamiento de granos, instrumental lítico para roturación y desmalezado de campos y molienda, etc.
▪ Profundizar la tipología de estructuras productivas existentes para el Valle de Tafí (Berberián y Nielsen 1988) enfocando en la funcionalidad de aquellas que se encuentran entre los espacios de cultivo estableciendo su relación con el funcionamiento de la producción agrícola.
Hipótesis de Trabajo
En base a la propuesta teórica, nuestra hipótesis a contrastar sostiene que la complejidad de los sistemas agrícolas en el sector Norte del Valle de Tafí, no habrían requerido la conformación de estructuras de poder o de élites dirigentes. Por el contrario, sus habitantes habrían gozado de autonomía en las decisiones vinculadas a la producción y al acceso de los medios de producción, es decir, las unidades domésticas efectuaron obras de importante envergadura sin necesidad de la existencia de un poder supradoméstico.
Las relaciones domésticas mismas construyeron la estructura de poder (i.e autoridad de base generacional, de un género, etc) para sostener un orden de desigualdad (Blanton 1995). No obstante, también sería posible reconocer la existencia de diferenciación social o trabajo comunal que implicara alguna autoridad designada.
En definitiva, se habría tratado de una organización social que no habría requerido de una centralización política (Olivera 2001) y donde los cambios, habrían sido generados y protagonizados por actores sociales que limitados por una estructura social, reprodujeron mediante sus estrategias, un proceso histórico. En fin, los cambios fueron concebidos en la práctica de las negociaciones diarias de las personas, las cuales suministraron constantemente el potencial para generarlos (Hastorf 1993).
Factibilidad de realización y contribución a la especialidad
La probabilidad de concreción de este proyecto se basa en el apoyo brindado por el Laboratorio y Cátedra de Prehistoria y Arqueología (Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba), y por enmarcarse en una investigación más amplia referida a los procesos prehispánicos en el Valle de Tafí, donde actualmente se realizan tesis doctorales (beca de postgrado otorgada por el CONICET), de Maestría y de licenciatura bajo la dirección del Dr. Eduardo E. Berberián.
La posibilidad de contribuir a un proyecto de largo plazo confirma un apoyo intelectual y económico fundamental para la correcta finalización de la propuesta. Se cuenta con un adecuado equipamiento de campo, que incluye instalaciones a corta distancia de los sitios arqueológicos con las comodidades necesarias para permanecer por largos períodos. Asimismo, un vehículo apropiado para el traslado, elementos de medición (i.e Nivel óptico), herramientas para la excavación, recuperación y conservación de los materiales arqueológicos. El Laboratorio cuenta con la tecnología necesaria en el análisis de los restos: computadoras con software aplicado, fotografías aéreas disponibles para el área de estudio, lupa binocular de 60X, cámara digital, muestras comparativas (restos zoológicos, faunísticos y botánicos), bibliografía especializada, etc.
El estudio de los “Paisajes Agrícolas” en el Valle de Tafí resultará un avance para la comprensión de los procesos sociales prehispánicos porque se podrá contar con un mayor número de variables y datos arqueológicos que permitirán generar ideas fundamentadas no sólo a nivel teórico sino en interjuego con la empiria. De esta manera, se podrá incorporar el análisis de un caso de estudio y exponer las conclusiones dentro de discusiones globales que debaten problemáticas generales (i.e aparición de la agricultura, complejidad social, procesos de diferenciación social, domesticación, etc).
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[1] Este proyecto fue presentado y aprobado para realizar el Doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).