ISSN 1851-0027

A�o 2008. N�mero 2: 110-128

comechingonia.com

Estructuraci�n social y producci�n agr�cola prehisp�nica durante el primer milenio d.C. en el Valle de Taf�

(Tucum�n, Argentina)[1]

Recibido el 2 de febrero de 2008. Aceptado el 20 de febrero de 2008

Tesista: Valeria Leticia Franco Salvi

Becaria CONICET. Centro de Estudios Hist�ricos Prof C. A. Segretti.

Director: Dr. Eduardo E. Berberi�n

CONICET. Centro de Estudios Hist�ricos Prof C A Segretti

Resumen

Este proyecto intenta delinear los objetivos fundamentales y el marco explicativo de una investigaci�n que tendr� como problem�tica fundamental el an�lisis de las diferentes estrategias de producci�n agr�cola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de m�ltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel econ�mico y social en el �rea Norte del Valle de Taf� (Provincia de Tucum�n, Rep�blica Argentina).

Palabras Clave

Arqueolog�a; Agricultura; Estructuraci�n; Valle de Taf�

Abstract

This project tries to delineate the main aims the explanatory frame of an investigation that will have as essential problematic the analysis of the different agricultural production strategies implemented during the first millennium A.D. with the purpose of recognizing, by means of a multiple variable study, the processes of change that went on at economic and social levels in the North area of the Taf� Valley (Province of Tucum�n, Argentine Republic).

Key Words

Archaeology; Agriculture; Structuration; Taf� Valley

Introducci�n

Este proyecto intenta delinear los objetivos fundamentales y el marco explicativo de una investigaci�n que tendr� como problem�tica fundamental el an�lisis de las diferentes estrategias de producci�n agr�cola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de m�ltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel econ�mico y social en el �rea Norte del Valle de Taf� (Provincia de Tucum�n, Rep�blica Argentina).

La explicaci�n del desarrollo del paisaje agr�cola en el sector, de tecnolog�as productivas y sus implicancias en la organizaci�n social ser�n replanteadas apelando a la �teor�a de la pr�ctica� (Bourdieu 1977; 1988) y a la �teor�a de la estructuraci�n� (Giddens 1995).

Actualmente, la ausencia de documental escrito y oral no constituye un impedimento� para la interpretaci�n de los procesos hist�ricos prehisp�nicos. Por el contrario, el registro arqueol�gico y el paisaje agr�cola establecer�n la informaci�n emp�rica fundamental para el estudio de los procesos sociales durante un milenio en el Valle de Taf�.

Antecedentes

Las primeras noticias sobre restos arqueol�gicos en el Valle de Taf� fueron dadas a conocer desde fines del siglo XIX especialmente por naturalistas, viajeros y exploradores. Esta informaci�n constituye un testimonio emp�rico fundamental en relaci�n a la descripci�n realizada a los denominados �menhires� (monolitos de piedra pulida, grabados o lisos), sitios espec�ficos (i.e El Mollar; El Lamedero) y espacios productivos (Ambrossetti 1897; Quiroga 1899; Lafone Quevedo 1902 y Bruch 1911).�

Las investigaciones arqueol�gicas sistem�ticas se iniciaron a mediados del siglo XX por un equipo de investigaci�n encabezado por� Gonz�lez (1960) trat�ndose de las primeras excavaciones intensivas en el Valle. No obstante, con anterioridad Bennett et al. (1948) hab�an definido, desde una perspectiva normativa de la cultura, los principales datos disponibles para Taf�, aunque se consider� que no hab�an suficientes elementos para establecer relaciones con otras regiones, ni para ubicarlas temporalmente.�

Con rigurosa metodolog�a para la �poca, Gonz�lez y Nu�ez Regueiro (1960) excavaron en dos sectores del Valle: El Mollar y Taf�. En el marco de estas investigaciones se obtuvieron las primeras dataciones radiocarb�nicas ubicando cronol�gicamente entre el 200 a.C y 800 d.C a los materiales recuperados, definiendo su contexto cultural y planteando que la agricultura habr�a sido la base de la econom�a debido a los numerosos andenes o terrazas observados en la regi�n (Gonz�lez 1960; Gonz�lez y Nu�ez Regueiro 1960).

A partir de la determinaci�n de un contexto t�mporo-cultural inicial se fue conformando en la regi�n una s�lida caracterizaci�n en referencia� a la� cronolog�a (Gonz�lez y Nu�ez 1960), patr�n de asentamiento (Cremonte 1988, Berberi�n y Nielsen 1988, Berberi�n y Giani 1999), funcionalidad de sitio (Sampietro y Vattuone 2005), tecnolog�a, subsistencia (Berberi�n y Nielsen 1988), condiciones clim�ticas (Sampietro Vattuone 2001) posterg�ndose, con ciertas excepciones el estudio de los espacios de producci�n agr�cola.

Berberi�n (1995) analiz� desde un enfoque ecol�gico-cultural aplicando los lineamientos de la arqueolog�a espacial y la arqueolog�a experimental, las pautas de explotaci�n econ�mica del valle. Propuso dos variantes de cultivo que formar�an parte de dos sistemas de asentamiento (Berberi�n y Nielsen 1988): el primer sistema y el m�s antiguo habr�a correspondido a un patr�n de unidades dom�sticas dispersas entre campos de cultivo, el segundo, se corresponder�a a una etapa posterior ligada a un modelo de explotaci�n agr�cola de car�cter intensivo con estructuras complejas de retenci�n del suelo y riego (andenes, terrazas y canales) que coexistieron con modelos de explotaci�n extensiva. Esta hip�tesis fue contrastada con estudios experimentales a fin de obtener informaci�n sobre las estrategias adaptativas implementadas por las entidades socioculturales que habitaron el Valle de Taf� (Berberi�n y Nielsen 1988, Berberi�n 1995, Giani y Berberi�n 1999).

En� las excavaciones del Sitio �Casas Viejas- El Mollar� dirigidas por Nu�ez Regueiro se ha identificado, mediante an�lisis arqueobot�nicos, las especies cultivadas entre el 100 a.C y 200 d.C planteando la importancia de los recursos cultivados y otorgando una aproximaci�n al conocimiento de la agricultura durante el Formativo en Taf� (Carrizo et al. 1999). Sin embargo, se trata de un trabajo preeliminar que necesita ser complementado con otros estudios incluyendo el estudio espec�fico de los espacios de producci�n muy recurrentes en la zona sur (i.e andenes de cultivos, unidades de almacenaje, etc). Asimismo, en el sitio �El Tolar� se distinguieron l�neas de despedre, andener�a y canales derivadores y de drenaje en unas 844 ha en el cono del R�o Blanco (Sampietro 2002).

A nivel regional, diversas investigaciones arqueol�gicas han empezado a percibir como objeto de estudio a los espacios de producci�n agr�cola despert�ndose un fuerte inter�s en comprender la forma en que �stos funcionaron y fueron administrados. En la quebrada de Tebenquiche Chico, cuenca subsidiaria del Salar de Antofalla, Haber y Quesada presentan un estudio centrado en el dise�o de las redes de riego cuya reconstrucci�n les permiti� interpretar las escalas espaciales y temporales del trabajo campesino y el modo en el cual el paisaje agr�cola alcanz� una notable extensi�n sin implicar escalas sociales supradom�sticas (Quesada 2006).

En el Valle del Bols�n (Dpto. Bel�n, Provincia de Catamarca) estudios centrados en la producci�n para la comprensi�n de la organizaci�n del trabajo y el cambio social vienen realiz�ndose por Korstanje (2005) y su equipo. El trabajo se centra en los campos agr�colas y corrales propiamente dichos a trav�s de estudios de suelos, sistemas de regad�o, macro y microrestos vegetales, condiciones ambientales, etnoarqueolog�a,etc. Se analizaron los sistemas productivos vinculados al Formativo Inferior y Medio en funci�n de distinguir cambios en la infraestructura productiva factibles de relacionar con cambios en las relaciones de producci�n (Korstanje 2005).

Cerca del Bols�n, en la Prepuna, se vienen realizando importantes investigaciones en torno a una aldea agr�cola Formativa denominada �Piedra Negra� en la cual se encontraron numerosas redes de riego que serv�an a conjuntos de parcelas de piedra (Albeck y Scattol�n 1984, Delfino 1999). En los valles bajos, la falda Occidental del Aconquija, Scattol�n ha detectado concentraciones de estructuras agr�colas que ocupan superficies relacionadas con unidades dom�sticas dispersas� siendo ambas analizadas comparando la distribuci�n y magnitud (Scattol�n 1990).

En definitiva, pasado un siglo de investigaciones arqueol�gicas en la regi�n se puede observar la importancia del estudio de la producci�n agr�cola para lograr una compresi�n m�s acabada de los procesos sociales y econ�micos sucedidos durante mil a�os en el Valle de Taf�.

Delimitaci�n Espacial y Temporal

����������� La investigaci�n propuesta se localiza en el sector Norte del Valle de Taf� al noroeste de la provincia de Tucum�n, Argentina. El valle posee una extensi�n de 15 Km de largo, de Norte a� Sur y 5 Km de ancho de Este a Oeste, presentando una forma ligeramente triangular. El borde oriental lo forman las Cumbres Calchaqu�es, las de Mala- Mala y de Taf�. El l�mite occidental lo constituye el cerro Mu�oz, extremidad norte de las Sierras de Aconquija y por el Sur cierra el valle, el cerro �u�orco Grande, ubicado entre las cumbre de Mala-Mala y el cerro Mu�oz.

����������� La totalidad del valle puede ser dividida, considerando criterios geomorfol�gicos en dos secciones: una alta y estrecha, al Norte y otra m�s baja y extensa al Sur, ambas separadas por el cono de deyecci�n del R�o Blanco.��

El sector Norte del Valle, establecido entre los 3000 y 2000 m.sn.m, es angosto� y elevado debido al relleno producido por el material de acarreo procedente de los conos de deyecci�n que descienden de las serran�as que lo circundan (Berberi�n 1995). La zona arqueol�gica a estudiar comprende los sectores de �La Bolsa�, �Carapunco� y �El Infiernillo�.�

A nivel general, la vegetaci�n habr�a pose�do las caracter�sticas de las praderas de altura, con abundantes pastizales tiernos, hierbas y gram�neas.� La �nica vegetaci�n arb�rea� se encontrar�a en las bocas de algunas quebradas del valle correspondiendo a peque�as comunidades de alisos con algunos algarrobos y acacias (Cabrera 1971). Las condiciones clim�ticas habr�an sido m�s fr�as y h�medas que las actuales otorg�ndole� un ambiente pr�spero para la producci�n agr�cola (Sampietro Vattuone 2001).

El estudio se centrar� en el primer milenio d.C, dentro del cual se ubican la mayor�a de las dataciones radiocarb�nicas realizadas hasta el momento en contextos correspondientes a la entidad sociocultural �Taf� correspondiendo al Per�odo Formativo dentro del Noroeste Argentino.

Este proceso se caracteriza por la aparici�n de un modo de vida sedentario generalizado, basado en la producci�n agropastoril culminando con el establecimiento de los primeros asentamientos nucleados permanentes o aldeas (Nielsen 2001). La adopci�n de una amplia gama de tecnolog�as, como la producci�n de cer�mica y metales, la textiler�a, el pulimento de la piedra, etc� son propios de este per�odo (Olivera 2001, Tartusi y Nu�ez 2001, Albeck 2000).

Objetivos

Objetivo General

Analizar las diferentes estrategias de producci�n agr�cola implementadas durante el primer milenio d.C. con el fin de reconocer, mediante el estudio de m�ltiples variables, los procesos de cambio que se fueron realizando a nivel econ�mico y social en el sector Norte del Valle de Taf�.

Espec�ficos

?������� Identificar las diferentes formas de cultivo reconocidas en la superficie del sector Norte del Valle de Taf� analizando diversos indicadores: uso y aprovechamiento del suelo, tecnolog�a del manejo del relieve, las especies vegetales cultivadas, recursos h�dricos y estructuras arquitect�nicas relacionadas.

?������� Evaluar los mecanismos implementados para reducir los riesgos de producci�n (i.e. construcci�n de represas, almacenaje de recursos, intercambio, etc.) y el costo que estas estrategias habr�an conllevado, a fin de analizar el impacto socioecon�mico de las inversiones en la producci�n agr�cola a largo plazo.

?������� Asignar una cronolog�a espec�fica a las diferentes estructuras de cultivo con el fin de constatar la existencia de una coherencia entre el desarrollo del sistema de asentamiento y la expansi�n y retracci�n de las construcciones agr�colas, reconociendo la relaci�n entre ambos.

?������� Caracterizar los cambios y permanencias en los aspectos tecnol�gicos y organizacionales de la producci�n agr�cola en el sector Norte del Valle de Taf� con el fin de reconocer desde una perspectiva diacr�nica, los procesos de formaci�n y crecimiento de los espacios productivos en los diferentes momentos del per�odo analizado.

?������� Reconocer c�mo se administraron la fuerza de trabajo y los medios de producci�n para examinar las diferentes estrategias de producci�n agr�cola que se fueron estableciendo como respuesta a distintas motivaciones (vg conflictos, epidemias, presi�n demogr�fica, fluctuaciones de las condiciones clim�ticas y ambientales, etc).

Consideraciones Te�rico- Metodol�gicas

El presente proyecto abordar� los procesos de cambio desde una perspectiva estructurista/estrat�gica la cual se ocupa de la relaci�n entre estructura y agencia considerando que las estructuras sociales son integradas por medio de la acci�n y la acci�n se conforma estructuralmente. De esta forma, la pol�mica entre las perspectivas �desde abajo� y �desde arriba� para la explicaci�n del desarrollo de tecnolog�as productivas y sus implicancias en la organizaci�n social, puede ser replanteada y superada apelando a la �teor�a de la pr�ctica� (Bourdieu 1977; 1988) y a la �teor�a de la estructuraci�n� (Giddens 1995).

Estos enfoques reconocen, c�mo las estrategias desarrolladas por agentes sociales para tomar control de recursos o capitales de diversa naturaleza, pueden entenderse como el principio activo del cambio social y econ�mico (Nielsen 2001). No obstante, los actores no habr�an sido los �creadores� de los cambios en una sociedad, sino que ellos los reprodujeron o transformaron y recrearon lo ya creado en la continuidad de una praxis. Por esta raz�n, el concepto de rutinizaci�n resultar� fundamental para la comprensi�n del car�cter transformacional de las acciones humanas que muchas veces no son capaces de prever, ni de controlar las consecuencias de un proceso de larga duraci�n.

En contraposici�n a los planteos estructuralistas y funcionalistas, que tienden a considerar que la conducta humana es el producto de fuerzas no comprendidas ni gobernadas por los actores sociales los cuales son concebidos como efectos de una causalidad objetiva y por la objetividad social de los procesos hist�ricos. Estos planteos consideran que se debe recuperar el plano consciente de la acci�n y que los procesos se dan s�lo a trav�s de la actuaci�n de los agentes (Cohen 1986) aportando un dispositivo conceptual que pretende dar cuenta de la producci�n y reproducci�n de la vida social, sin permanecer en el plano estrecho del an�lisis estructural, incorporando el campo de las acciones humanas. As� cualquier referencia al sistema social que no contemple las pr�cticas de los actores, resulta tan insuficiente como la consideraci�n de las actividades humanas, sin tomar en cuenta su conexi�n con el sistema social (Ortiz Palacios 1999).

En coherencia al enfoque planteado, el registro arqueol�gico ser� concebido como el resultado� material de pr�cticas sociales (y de alteraciones post-depositacionales) de individuos (Shennan 1993), entendidos como sujetos hist�ricos activos con objetivos propios, que toman decisiones y act�an de acuerdo a ellas, en un marco de condiciones tanto objetivas como subjetivas que los limitan (y no los determinan) y que son caracter�stica de un lugar y una �poca, intentando adquirir y mantener un status social deseable (Blanton 1995). Rutinariamente el registro fue generado mediante la sutil acumulaci�n del despojo de las pr�cticas cotidianas, como si fuera una depositaci�n natural, pero de la cotidianeidad de los actores sobre cotidianeidades previas (Haber 2006).

El dise�o de los espacios agr�colas constituye en s� mismo una expresi�n material y tecnol�gica de estrategias sociales vinculadas al establecimiento y reproducci�n de determinadas relaciones de producci�n. Los espacios de producci�n son estructuras espaciales y temporales que condicionan la forma que toman los procesos del trabajo campesino y por lo tanto en cierto punto a las condiciones sociales de producci�n (Quesada 2005).

Las pr�cticas de los actores, las relaciones sociales, la negociaci�n pol�tica y las estructuras de poder habr�an sido restrictivas en la toma de decisiones agr�colas (Hastorf 1993). Por esto, las acciones de los agricultores habr�an estado influidas por las caracter�sticas estructurales de contexto en el que crecieron y vivieron pero que al mismo tiempo ellos recrearon y tambi�n, hasta cierto punto, alteraron mediante sus acciones (Giddens 1991).���

La agricultura no implica s�lo un sistema econ�mico, es a la vez un sistema social donde el alimento es producido por personas que trabajan en grupos de familia, cuidan la tierra y el agua, intercambian trabajo y quiz�s la cosecha (Hastorf 1993).

La econom�a y la producci�n agr�cola no son causas suficientes de la transformaci�n de sistemas pol�ticos, aunque pueden participar en ella. Si crean o no la desigualdad pol�tica parece depender de las necesidades percibidas y las construcciones sociales de la poblaci�n, el tipo de agricultura practicada y en la existencia de canales mediante los cuales algunos grupos o individuos adquieren control sobre otros actores en una sociedad (Hastorf 1993).

En s�ntesis, se propone una visi�n postestructuralista que no acepta la idea de una �historia sin sujeto� oponi�ndose a las tesis extremas del estructuralismo concreto que reducen a los agentes a meros epifen�menos de la estructura. De esta forma, los procesos sociales y econ�micos ocurridos durante un milenio en Taf� del Valle ser�n considerados c�mo la estructuraci�n de sucesos en un tiempo y un espacio a trav�s de la interacci�n continua de obrar y estructura; la interconexi�n de la naturaleza mundana de la vida cotidiana como formas institucionales que se entran por inmensos recorridos de tiempo y espacio (Giddens 1995).

Metodol�gicamente se considera que la configuraci�n de los espacios de cultivo no s�lo se orienta a la consecuci�n de bienes de subsistencia, sino que es tambi�n el resultado de decisiones tomadas por sus constructores en relaci�n a determinados objetivos productivos, procesos de trabajo y relaciones de producci�n (Quesada 2006). De modo que el dise�o de los espacios agr�colas constituye en s� mismo una expresi�n material, tecnol�gica de estrategias sociales vinculadas al establecimiento y reproducci�n de determinadas relaciones de producci�n.

Para la detecci�n de las acciones humanas en el registro arqueol�gico, es imprescindible considerar que la cultura material es el producto de acciones humanas individuales y/o colectivas donde todos los objetos materiales son el resultado de sumatorias de acciones continuas o discontinuas (Haber 2006).

El paisaje agr�cola ser� analizado a nivel espacial y temporal por medio de m�ltiples variables. Espacialmente, Cobb y Garrow (1996) han propuesto un an�lisis a trav�s de �escalas m�ltiples� las cuales consideran simult�neamente las diferentes escalas en las que existieron las relaciones reconociendo que la reproducci�n social tiene lugar tanto dentro, como fuera de los l�mites de la escala bajo consideraci�n, ya sea una unidad dom�stica, un sitio, valle o regi�n.

Temporalmente, en base a la propuesta de Braudel (1968) se plantear�n tres escalas en el proceso hist�rico: la corta duraci�n (lo epis�dico), la media duraci�n (lo coyuntural) y la larga duraci�n (lo estructural). De esta manera, en las intersecciones entre distintas escalas de espacio-tiempo se hallan las intersecciones de estructuras y acciones que se intentar�n conseguir en este proyecto.

Durante la primera etapa de investigaci�n se realizar� simult�neamente el trabajo de campo y laboratorio. Estos constituir�n la base para la obtenci�n de un conjunto de datos imprescindibles para el alcance de los objetivos general y espec�ficos propuestos. Las actividades, m�todos y t�cnicas se detallan a continuaci�n:

?������� Realizar prospecciones y relevamientos en los espacios de producci�n agr�cola que permitan, junto a las fotograf�as a�reas, confeccionar una cartograf�a de detalle.

?������� Seleccionar los espacios para realizar excavaciones en base al estudio de la cartograf�a� y las caracter�sticas del paisaje agr�cola que presenten los distintos sitios arqueol�gicos (v.g. campos aterrazados, sectores irrigados, espacios cultivados a temporal, �reas de almacenaje, etc) teniendo presente el estado de conservaci�n, la asociaci�n a otras construcciones, el emplazamiento y su representatividad.

?������� Obtener un perfil estratigr�fico de las estructuras agr�colas y reconocer la forma de su construcci�n� con el objetivo de determinar si fueron confeccionadas en el marco de un amplio proyecto planeado por un poder supradom�stico o si se trataron de pr�cticas agr�colas diarias a nivel dom�stico.

?������� Asignar una cronolog�a espec�fica a los espacios de producci�n agr�cola mediante: fechados radiocarb�nicos de muestras org�nicas extra�das de las excavaciones realizadas en las diferentes estructuras presentes en el Sector Norte; relaci�n espacial y estratigr�fica con estructuras habitacionales que hayan sido fechadas con un m�todo absoluto; relaciones estil�sticas de artefactos (cer�mica, l�tico, etc.) presentes en las excavaciones.

?������� Obtener muestras de suelos verticales y horizontales tanto de las unidades dom�sticas como de los espacios de cultivo para el an�lisis arqueobot�nico (Wurschmidt y Korstanje 1998/1999). De esta forma, mediante el estudio de los macro y microrrestos recuperados en ambos sectores adquirir informaci�n a cerca de qu� cult�genos fueron explotados y consumidos.�

?������� Determinar los sectores de producci�n extensiva a trav�s de la extracci�n de muestras de suelos verticales realizando an�lisis qu�micos, que incluyen testeos extensivos de f�sforo y an�lisis de Laboratorio de diferentes elementos (aluminio, bario, calcio, potasio, hierro, magnesio, manganeso, sodio, f�sforo, estroncio, titanio y zinc).�

?������� Analizar las evidencias materiales procedentes de las excavaciones en unidades habitacionales, relacionadas con la producci�n agr�cola, incluyendo estudios tecnotipol�gicos de estructuras de almacenaje �silos-, vasijas relacionadas al almacenaje y procesamiento de granos, instrumental l�tico para roturaci�n y desmalezado de campos y molienda, etc.�

?������� Profundizar la tipolog�a de estructuras productivas existentes para el Valle de Taf� (Berberi�n y Nielsen 1988) enfocando en la funcionalidad de aquellas que se encuentran entre los espacios de cultivo estableciendo su relaci�n con el funcionamiento de la producci�n agr�cola.

Hip�tesis de Trabajo

En base a la propuesta te�rica, nuestra hip�tesis a contrastar sostiene que la complejidad de los sistemas agr�colas en el sector Norte del Valle de Taf�, no habr�an requerido la conformaci�n de estructuras de poder o de �lites dirigentes. Por el contrario, sus habitantes habr�an gozado de autonom�a en las decisiones vinculadas a la producci�n y al acceso de los medios de producci�n, es decir, las unidades dom�sticas efectuaron obras de importante envergadura sin necesidad de la existencia de un poder supradom�stico.

Las relaciones dom�sticas mismas construyeron la estructura de poder (i.e� autoridad de base generacional, de un g�nero, etc) para sostener un orden de desigualdad (Blanton 1995). No obstante, tambi�n ser�a posible reconocer la existencia de diferenciaci�n social o trabajo comunal que implicara alguna autoridad designada.

En definitiva, se habr�a tratado de una organizaci�n social que no habr�a requerido de una centralizaci�n pol�tica (Olivera 2001) y donde los cambios, habr�an sido generados y protagonizados por actores sociales que limitados por una estructura social, reprodujeron mediante sus estrategias, un proceso hist�rico.� En fin,� los cambios fueron concebidos en la pr�ctica de las negociaciones diarias de las personas, las cuales suministraron constantemente el potencial para generarlos (Hastorf 1993).

Factibilidad de realizaci�n� y contribuci�n a la especialidad

����������� �La probabilidad de concreci�n de este proyecto se basa en el apoyo brindado por el Laboratorio� y� C�tedra de Prehistoria y Arqueolog�a (Facultad de Filosof�a y Humanidades, Universidad Nacional de C�rdoba), y por enmarcarse en una investigaci�n m�s amplia referida a los procesos prehisp�nicos en el Valle de Taf�, donde actualmente se realizan tesis doctorales (beca de postgrado otorgada por el CONICET), de Maestr�a y de licenciatura bajo la direcci�n del Dr. Eduardo E. Berberi�n.

La posibilidad de contribuir a un proyecto de largo plazo confirma un apoyo intelectual y econ�mico fundamental para la correcta finalizaci�n de la propuesta. Se cuenta con un adecuado equipamiento de campo, que incluye instalaciones a corta distancia de los sitios arqueol�gicos con las comodidades necesarias para permanecer por largos per�odos. Asimismo, un veh�culo apropiado para el traslado, elementos de medici�n (i.e Nivel �ptico), herramientas para la excavaci�n, recuperaci�n y conservaci�n de los materiales arqueol�gicos. El Laboratorio cuenta con la tecnolog�a necesaria en el an�lisis de los restos: computadoras con software aplicado, fotograf�as a�reas disponibles para el �rea de estudio, lupa binocular de 60X, c�mara digital, muestras comparativas (restos zool�gicos, faun�sticos y bot�nicos), bibliograf�a especializada, etc.

El estudio de los �Paisajes Agr�colas� en el Valle de Taf� resultar� un avance para la comprensi�n de los procesos sociales prehisp�nicos porque se podr� contar con un mayor n�mero de variables y datos arqueol�gicos que permitir�n generar ideas fundamentadas no s�lo a nivel te�rico sino en interjuego con la empiria. De esta manera, se podr� incorporar el an�lisis de un caso de estudio y exponer las conclusiones dentro de discusiones globales que debaten problem�ticas generales (i.e aparici�n de la agricultura, complejidad social, procesos de diferenciaci�n social, domesticaci�n, etc).

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[1] Este proyecto fue presentado y aprobado para realizar el Doctorado en la Facultad de Filosof�a y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).