
ISSN 1851-0027
Año
2008. Número 1: 1-23
www.comechingonia.com
Comunidades anfitrionas, turistas y arqueólogos: un equilibrio difícil de lograr. Los Monumentos Nacionales en la Provincia de Salta, Argentina
Recibido el 22 de noviembre de 2007. Aceptado el 30 de enero de 2008
Silvia Susana Soria
Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta. Profesional de investigación del Museo de Arqueología de Alta Montaña. Mitre 77 (4400), Salta. Argentina. silsusoria@yahoo.com.ar ; ssoria@maam.org.ar
Resumen
En este trabajo se analiza el estado de conservación, los planes de gestión y la presentación al público de tres sitios arqueológicos ubicados en la provincia de Salta, Argentina. Dichos sitios forman parte, aunque en distinto grado, de los productos turísticos fuertemente promocionados por las políticas públicas provinciales, pero la ausencia de programas integrales de gestión están impactando negativamente en la preservación de los mismos y en el desarrollo de las comunidades anfitrionas. Con el fin de atenuar este problema se realizan algunas propuestas y se replantean algunas cuestiones en relación al rol que puede asumir el arqueólogo en estos casos.
Palabras clave: gestión integral, políticas turísticas, comunidades anfitrionas, rol del arqueólogo.
En primer lugar consideramos al patrimonio como una creación social históricamente cambiante en función de diversos criterios e intereses. Por ello no es un fenómeno de patrimonialización universal sino que surge en el seno de la cultura occidental en el contexto social e histórico del siglo XIX (Lowenthal 1996). Pero es a partir de la posguerra y más aún, con el movimiento de conservación de los años ’60, que la patrimonialización desembocará, dos décadas más tarde, en un boom mundial. Posteriormente, frente a la globalización, parece producirse una obsesión por el pasado y se generaliza la salvaguarda de los vestigios (Merriman 1991; Ballart 1997; González Méndez 2001).
Ahora bien, para que el patrimonio se constituya como tal debe ser inventado, recontextualizado, legitimado y consensuado. No cualquier objeto antiguo constituye un bien, sino que debe ser asumido y reconocido por quienes lo usan y disfrutan. Y es aquí donde el valor que les otorgan los diversos actores sociales puede entrar en conflicto en función de los diversos intereses y visiones que ellos detenten (Layton 1989; Lowenthal 1996; Ballart 1997; Prats 1997; Layton y Thomas 2001; Norrild 2002).
La incorporación del patrimonio cultural en el ciclo de producción del capital se ha manifestado por distintas vías, pero quizás el turismo sea la más significativa. Turismo como sinónimo de desarrollo económico se ha constituido en un mito (Gil García 2005:219) y es a partir de esta mitificación que se crean en forma masiva productos turísticos con el fin de activar la alicaída economía regional. Al turismo se le asignan funciones redentoras mediante la recreación de lugares históricos que los transforma en atractivos paisajes turísticos que reactivarán las economías (Niding 2001; Ruiz Rubio 2001; Sala 2004). Sin embargo, consideramos que para que el desarrollo local de regiones poco favorecidas realmente ocurra es fundamental la identificación, la valoración y el debate abierto entre los distintos actores sociales involucrados sobre cómo aprovechar el patrimonio y su rentabilidad social, ambiental y también económica. Por último, que su uso asegure el goce de todos respetando los valores y los intereses especialmente de la comunidad anfitriona, de los pueblos indígenas o de los poseedores de las propiedades históricas (Sancho 1998; ICOMOS 1999; Avrami et al. 2000).
Turismo en Argentina: la provincia de Salta
Una de las principales falencias que caracterizó durante años al sector turístico en la Argentina es la ausencia de estudios cuantitativos que permitan conocer el perfil y los intereses de los visitantes tanto residentes como no residentes en el país, como también el real impacto de los ingresos provenientes de este sector. Como consecuencia de la crisis sufrida en el año 2001, una serie de políticas cambiarias favorecieron a que Argentina se posicionara como uno de los destinos elegidos por los visitantes extranjeros. Este boom turístico llevó a que en los últimos años se comenzaran a medir determinados índices posicionando a este sector como una importante actividad económica, antes no reconocida (Secretaría de Turismo de la Nación e INDEC 2004).

Gráfico 1: Mapa con la ubicación de los sitios y los principales lugares mencionados en el trabajo.
Ahora bien, el notable incremento de visitantes y ciertas falencias en la aplicación de políticas de planificación turísticas acordes con los parámetros aceptables internacionalmente (Sancho 1998; ICOMOS 1990, 1999) en relación a la conservación del patrimonio arqueológico están impactando de forma negativa en los sitios y sus paisajes circundantes y lo que es peor aún, en las comunidades campesinas anfitrionas.
Casos de estudio
1-Santa Rosa de Tastil
El pequeño poblado actual de Santa Rosa de Tastil se ubica sobre la Ruta Nacional Nº 51, en el fondo de la quebrada de las Cuevas (una de las principales cauces tributarios de la quebrada del Toro), a 100 km de distancia de la ciudad de Salta. En él se destacan la iglesia y el museo de sitio. Este último creado en el año 1972 por la Provincia, como lugar de depósito de algunos de los materiales extraídos del asentamiento arqueológico que se encuentra en la parte alta del poblado actual.
El poblado arqueológico es accesible a través de un camino vehicular construido para tal fin. El sitio se asienta en la cima de una meseta granítica de 200 m de altura, como estrategia de seguridad y defensa. Se trata de una aldea de trazado radiocéntrico del Período Tardío o Desarrollos Regionales (1.000 DC. a 1.450 DC.). Presenta una superficie de 17 ha con 1.114 recintos agrupados en 330 unidades habitacionales y un centenar de tumbas circulares situadas dentro de las propias viviendas. Según las últimas excavaciones masivas, efectuadas por Cigliano a fines de los años 60, se pudieron definir sectores con viviendas para el grupo dominante junto a la plaza principal, segregada de un área de viviendas de sectores sociales comunes y áreas de actividades comunitarias. También se destacan en los alrededores, campos aterrazados de cultivo asociados a recintos y sectores con arte rupestre que alcanzan más de 7.000 bloques con petroglifos distribuidos en 4 ha (Cigliano 1972).
Un camino prehispánico se construyó a la vera del poblado de Tastil, los atributos arquitectónicos de la calzada se asocian a la tecnología Inca (1.450 DC.– 1.536 DC.). Las investigaciones de la década del ’70 no permitieron identificar ocupación inkaica dentro del asentamiento, sin embargo años más tarde se identificó cerámica de filiación inka en el sitio. Actualmente, con las investigaciones realizadas en el área quedó confirmada la fuerte presencia estatal inka en las quebradas del Toro y Las Cuevas lo que posibilitaría una revisión de la modalidad de dominación implementada para este sitio y sus alrededores (Soria y Vitry 2004).
Acciones de conservación y características de los visitantes
El equipo de la Universidad Nacional de La Plata en la década del sesenta realizó las acciones de puesta en valor de una parte del sitio, con el objeto de crear un Parque Arqueológico Provincial. La intervención consistió en la limpieza y desmalezamiento de recintos y calzadas sin la realización de reconstrucciones (FIGURA 1). El parque, en la actualidad, cuenta con el ya mencionado museo de sitio, que consiste en una sala de exposición ubicada en el poblado actual, allí se encuentra un encargado como único personal. No posee servicio de guiado permanente, se encuentra escasamente señalizado y su cartelería deteriorada.
Este estado de abandono y vulnerabilidad del sitio es contradictorio con su protección jurídica, ya que en 1997 fue declarado Monumento Histórico Nacional por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos (Resolución N° 1145-05/11/1997). Dicha declaratoria es utilizada con fines promocionales que sumada a la monumentalidad misma del sitio y su fácil acceso lo constituye como el producto turístico arqueológico más demandado a nivel provincial.
Como se comentó anteriormente, los circuitos que promocionan la quebrada del Toro y San Antonio de los Cobres incluyen la visita al sitio mediante una parada obligada en el pueblo de Santa Rosa de Tastil. A pesar de su importancia, no se poseen estadísticas oficiales sobre las características de los visitantes al poblado y al sitio. Toda la información presentada en este trabajo es de carácter extraoficial y fue proporcionada por guías turísticos que acompañan a los contingentes.
La mayoría de los tours parten de la ciudad de Salta hacia San Antonio de los Cobres los días jueves, viernes, sábados y domingos e incluyen generalmente una excursión de duración diaria. En temporada alta o vacaciones, visitan el sitio por día 15 vehículos, tipo Traffic, con 14 personas cada una. Sumado aproximadamente a 10 automóviles particulares con dos personas o más y la llegada de contingentes en ómnibus entre 40 o 50 pasajeros cada uno. Paralelamente es habitual el acceso de visitantes mediante bicicletas y MotoCross practicando turismo aventura.

Figura 1: Vista desde el Parque Arqueológico de Santa Rosa de Tastil.
A la llegada los visitantes acceden al museo de sitio, que no posee director, solo un encargado que puntualmente abre las puertas del mismo para su acceso. Según la opinión de algunos visitantes, el museo a pesar de contener “lindos materiales” carece de buena iluminación y de fácil acceso4. Está descuidado y casi no posee cartelería informativa (Istillarte, com. pers. 10/12/06).
Junto al museo, se instalan puestos de venta de artesanías, algunos de ellos de la comunidad local, asimismo llegan artesanos de San Antonio de los Cobres. El pueblo posee un solo hospedaje de tipo familiar y se pueden adquirir algunos alimentos y refrescos para continuar el recorrido. Luego de la visita al museo y un paseo por el pueblo, los visitantes acceden por el camino lateral al parque y sitio arqueológico. Como el parque no está claramente delimitado es una práctica habitual los recorridos por cualquier sector, generando un intenso pisoteo y derrumbe de muros y otras estructuras, sumado a la recolección de material arqueológico de superficie, con el objeto de llevarse “recuerdos de la visita”. Es de remarcar la ausencia de folletería informando acerca de las características del sitio y cartelería que solicite el cuidado y la protección del mismo5. Como ya se comentó, las visitas guiadas son las que realizan los guías de los contingentes y la prevención del saqueo solo depende de la inquietud y formación particular de cada uno de ellos.
Como la visita al pueblo y al sitio se realiza en un par de horas se genera un turismo “de paso” que no origina retribuciones a la comunidad local. A partir de esto, los pobladores de Santa Rosa de Tastil manifestaron el expreso interés de capacitarse con el objeto de atender la demanda de la creciente actividad turística y poder generar fuentes genuinas de ingreso. A partir de este reclamo canalizado por intermedio de los profesionales del Programa Social Agropecuario (dependiente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la República Argentina) y sobre la base de la organización comunitaria alcanzada, se comenzaron a realizar cursos de capacitación relacionados con el patrimonio cultural (Vitry y Soria 2006). Creemos que el involucramiento y la participación local es fundamental en la implementación de planes de manejo integrales que incluyan la investigación, preservación y exhibición del sitio y las colecciones y, en última instancia, ella fomentará la protección de dichos recursos.
En el año 2002 el Proyecto Camino del Inca de la Secretaría de Turismo provincial ha realizado un Estudio de Impacto Ambiental. A través de este informe surgieron recomendaciones para la conformación de equipos de trabajo con el fin elaborar la Puesta en Valor del Camino del Inca, una planificación participativa, y el proyecto Custodios arqueológicos (Secretaría de Turismo de Salta 2006a). Este proyecto ha iniciado su ejecución a fines del año 2006, con la 1º etapa de puesta en valor (Proyecto BID - AR – 0292. Componente Turismo. Camino del Inca), planificándose la etapa de interés social para meses posteriores.
La Secretaría de Turismo provincial ha implementado una serie de cursos de capacitación a través de un área específica de su estructura. Los mismos se ofrecen en los diversos pueblos y localidades de la provincia e incluyen el componente de patrimonio cultural. Sin embargo, la demanda y el escaso personal hacen que los mismos resulten insuficientes.
En suma, lo que se puede observar es que primero se promociona turísticamente un producto y cuando los efectos negativos comienzan a tener un peso considerable -en este caso en perjuicio de los pobladores locales y sus recursos- recién se actúa para minimizar el impacto. No hay una política de planificación previa a la promoción del producto.
2- Incahuasi
El sitio arqueológico de Incahuasi se encuentra ubicado sobre la quebrada de Incamayo (GRAFICO 1), que es un afluente de la quebrada del Toro, en un lugar de difícil acceso donde no existe ruta vehicular. Para acceder al mismo se ingresa por el paraje Ingeniero Maury, ascendiendo el cerro Gólgota y descendiendo hasta la quebrada de Incamayo, a través de una senda de herradura que reutiliza un camino arqueológico. En sus cercanías no existe población asentada, solo vive el señor Máximo Lamas6 y su familia que posee un puesto construido sobre parte de las ruinas reutilizándolas como corrales.
En Incahuasi se pueden identificar hasta el momento dos ocupaciones prehispánicas, una del Período de Desarrollos Regionales (1.000 DC. y 1.450 DC.) y otra del período inkaico. A partir de sus atributos arquitectónicos se pueden distinguir estos dos momentos cronológicos. Durante el Período de dominación Inka (1450-1532 DC) Incahuasi, que poseía una importante ocupación previa; se integró políticamente al Tawantinsuyu y físicamente a la red vial, conformando junto a otros sitios del valle Calchaquí y la puna jujeña, un centro administrativo y de poder que configuró un nuevo paisaje cultural y dinámica geopolítica.
El asentamiento ocupa 8 ha y puede describirse a partir de dos sectores diferenciados en su arquitectura y de uso del espacio (GRAFICO 2). En un primer sector existen recintos habitacionales asociados a estructuras circulares dispersas (probablemente tumbas), de manufactura inka. Se destaca la llamada silla del inka, principal atractivo turístico del lugar. Dicha estructura se encuentra en un recinto rectangular que conserva parte del techo, revoque de barro, hornacinas trapezoidales y vano trapezoidal de acceso (FIGURAS 2a y 2b) (Fernández citado en Raffino 1981, Vitry et al. 2007). Aunque es atribuida al momento inkaico, es factible que el adosamiento de la silla haya sido posterior a la construcción del recinto. Alrededor del mismo se concentran otras estructuras circulares seguramente de almacenamiento, también llamadas collcas. El segundo sector está conformado por corrales, canales de irrigación, cuadros de cultivo, constituyendo un sector de producción agrícola y ganadero de gran extensión; con caminos, puestos de observación, mojones demarcatorios, arte rupestre y sectores de producción minera (Vitry et al. 2007).

Gráfico 2: Plano general del sitio arqueológico Incahuasi, tomado de Vitry et al. 2007.
Las investigaciones arqueológicas realizadas a principios de siglo (ver Raffino 1981:129-132) fueron las que otorgaron el fundamento para que en 1945, el sitio haya sido declarado Monumento Histórico Nacional (Decreto 30833-1945). Actualmente Incahuasi se ha transformado en un sitio atractivo para el turismo aventura debido principalmente a su difícil acceso, por lo que el volumen de visitantes no afecta su integridad física. Sin embargo en los últimos años se registraron actividades vinculadas al llamado turismo esotérico, donde se realizan encuentros y ceremonias de grupos que consideran a este lugar como un centro energético. Por lo general estas propuestas se promocionan de boca en boca o por internet y los principales consumidores provienen de la ciudad de Salta. Esos usos están generando una serie de conflictos con la familia del señor Lamas ya que afectan directamente su forma y medio de vida.

Figura 2a: Construcción donde se encuentra la “silla del inka”. Es la única estructura de todo el sitio que conserva sus paredes y parte del techo.
Esta preocupación ha llevado a que el señor Lamas y su familia hayan reclamado por la implementación de medidas que restrinjan el acceso de los desconocidos y hayan solicitado personalmente, a una de nosotras, la realización de estudios arqueológicos y específicamente la confección del plano del sitio para conocer la historia del mismo. Desde los últimos meses del año 2006, un equipo de la Universidad de Salta, junto a la familia Lamas, comenzaron a reunirse para discutir acerca de los intereses y del diseño de un plan de manejo, en el que se implementarán medidas tendientes a organizar y regular la actividad turística en beneficio de dicha familia y del cuidado del sitio (Vitry y Soria 2006).

Figura 2b: Estructura conocida como “silla del Inka”, ubicada en el Sector A del sitio Incahuasi.
3- La Paya
El sitio arqueológico se encuentra ubicado en la desembocadura del río La Paya y el río Calchaquí (GRAFICO 1). Se trata de un conglomerado con una extensión de unas 12 ha. El asentamiento contiene evidencias de ocupación desde períodos tempranos de la secuencia local, destacándose el emplazamiento del Período de Desarrollos Regionales (1.000 DC. y 1.450 DC.), con muro perimetral, recintos al interior de morfología rectangular, enterratorios circulares de pirca doble en falsa bóveda y un sector de recintos rectangulares de factura típicamente inkaica denominado la Casa Morada. En superficie, hasta el día de hoy, abundan los ítems artefactuales. Este sitio fue postulado por los numerosos investigadores como el principal asentamiento local de la parte norte del valle Calchaquí y cabecera inka de la Provincia de Chicoana (González 1983, entre varios otros).
Hasta la década del ´70, en el área arqueológica de La Paya predominaba el pastoreo de ganado menor y la localización de dos viviendas muy precarias. El pronunciado crecimiento urbano en estos últimos 20 años y su falta de planificación fue afectando en forma continua y veloz al asentamiento prehispánico. Dos casos puntuales lo ejemplifican: la construcción de la iglesia en la cual se usaron rocas de la casa morada para su edificación y la de una casa de retiros espirituales y la constante presencia de basura en el mismo. Junto a estos problemas, otro de los factores que afectan al sitio es la remoción en masa generada por la erosión hídrica en época estival (FIGURA 3).

Figura 3: Vista desde los restos de la Casa Morada hacia la iglesia, La Paya.
En la actualidad se encuentra en total abandono y en riesgo. Su promoción turística7 apela a su valor arqueológico pero la misma se realiza sin estudios de impacto ni planificación alguna. El hecho de que el sitio se encuentre a la vera de la Ruta Nacional N° 40, principal vía de comunicación en todo el valle Calchaquí (que como ya comentamos se trata de uno de los dos circuitos más visitados en la provincia), facilita el acceso al sitio de vehículos y personas, posibilitando el ingreso de visitantes, aunque en menor medida que Santa Rosa de Tastil. Recientemente se ha nombrado como custodio al dueño de las tierras (Antonio Mercado, Director del Museo Antropológico de Cachi, com. pers. 12/01/07) donde se encuentra el asentamiento prehispánico, pero aún no posee guías, ni cercado, ni información acerca de sus características y/o cuidado. Hacia fines del 2007 tampoco había datos oficiales ni extraoficiales, acerca de la cantidad de visitantes, ni del tiempo que dura la visita, ni lo que se realiza durante la misma. Se ha intentado elaborar algunos proyectos desde el Museo Antropológico Pío Pablo Díaz de la localidad cercana de Cachi, pero por distintos problemas no se han podido llevar adelante. Los organismos de aplicación de la Ley provincial de Protección del Patrimonio Cultural Nº 6649, que dependen de la Secretaría de Cultura de la provincia, no poseen los recursos presupuestarios ni humanos necesarios para cumplir con sus obligaciones (Mercado, com. pers. 12/01/07).
Si se realiza un resumen del estado de situación de estos sitios (Tabla 1) podemos decir que hay una serie de cuestiones comunes para remarcar y en función de ellas una serie de propuestas a realizar.
En una primera instancia y siguiendo parámetros tradicionales (occidentales) se pueden resaltar los valores arqueológicos, turísticos, educativos y económicos que detentan estos sitios. A pesar de ello, en los hechos, los tres casos se encuentran en situación de riesgo por lo que la protección legal que poseen (dos son Monumentos Históricos Nacionales), no deja de ser de carácter meramente declarativa. Asimismo se destaca la falta de integración de la gestión provincial y nacional, de las diferentes áreas en las cuáles el patrimonio está involucrado (organismos de Cultura, Turismo, Medio Ambiente y Comisión de Monumentos). Con respecto al estado de conservación de cada uno de ellos, se puede decir que, aunque en grados diferentes y producto de causas similares, todos exhiben cierto deterioro. Por ejemplo, a todos les afecta la erosión, el tránsito de ganado y la invasión de plantas y raíces sumado al acceso sin control de visitantes (a veces de grandes contingentes en un tiempo acotado) que afectan mediante el pisoteo, los derrumbes y las recolecciones clandestinas, la integridad de los mismos. Al igual que en otras regiones y países, el desarrollo de la actividad turística en Salta, pese a la promoción a nivel nacional y provincial, parece haberse producido con escasos criterios de planificación y evaluación del impacto que genera y principalmente como un fenómeno exógeno, ya que las poblaciones locales en su rol de anfitrionas no participan en el diseño, en la gestión ni en el beneficio de dichas actividades, quedando esto monopolizado por distintas agencias privadas de turismo (Nielsen et al. 2003:372).
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SANTA ROSA DE TASTIL |
INCAHUASI |
LA PAYA |
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Ausente |
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ESTADO DEL SITIO |
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- Deterioro |
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MEDIDAS DE |
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PROTECCION |
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-Legal: Monumento Nacional |
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-Efectiva |
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-Planes de Manejo |
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TURISMO |
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Pública |
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- Características visitantes: |
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Esotérico |
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Tabla 1: Resumen de la situación de los tres casos tratados. Referencia: S/D: sin datos
Siguiendo con la conservación de los sitios, otros aspectos que los afectan se relacionan con la re-utilización y/o la re-funcionalización de estructuras, el reciclado de elementos arquitectónicos y/o artefactos arqueológicos y el depósito de basura, como prácticas habituales de las comunidades campesinas que viven en sus alrededores. Aquí cabría preguntarse acerca del valor social que detentan estos sitios para dichas comunidades y más aún, ¿debemos imponer el valor científico sobre el social? Mucho se ha escrito y debatido sobre este cuestionamiento (Byrne 1991; Larsen 1995; Preucel y Hodder 1996; Gnecco 2005). Nosotras estamos convencidas que, los arqueólogos y otros especialistas, debemos indagar en dichas valoraciones sociales locales, las cuales pueden ser diversas y conflictivas, pero deben ser incluidas y respetadas con el fin de que los diseños sean coparticipados y se implementen planes de manejo multívocos (Hall y McArthur 1996; Endere et al. 2004; Gil García 2005; Endere y Curtoni 2006; entre otros).
Paralelamente, en este cuadro de situación de los tres casos de estudio, se observa que subyace cierta conflictividad (en mayor o menor medida explícita) entre los diferentes grupos de interés involucrados. Dichos grupos son, principalmente, los operadores turísticos privados, el organismo de turismo de la provincia y los pobladores locales, que en cada caso, tienen intereses diversos. A los que se suman los intereses de los visitantes y de los especialistas. Por lo que proponemos como alternativa el diseño de un plan de manejo integral y participativo. El mismo se debería iniciar con el involucramiento de todos los actores implicados con el fin de debatir si quieren preservar los sitios, por qué y para quién lo harían. A partir de esto decidir qué y cómo llevarían adelante planes de estudio y preservación que luego posibilitaría su presentación al público y su rentabilidad. Creemos que aquí el Estado podría garantizar el equilibrio entre todas las partes e intereses, que como dice Sancho (1998:164) es el “gran reto de la política turística”.
Por último nos preguntamos: ¿Cuál es nuestro rol en todo este proceso? Las opciones pueden ser varias, pero creemos que una podría ser la de facilitar el diálogo entre los diversos agentes implicados. Pero primero tenemos que hacer varios mea culpa, por un lado, somos los primeros en “rasgarnos las vestiduras” ante situaciones de destrucción de los sitios, aunque no contemplamos la conservación en nuestros proyectos de investigación siendo que esta debería ser parte habitual de la práctica (ICOMOS 1990; Stanley Price 1996; Matero et al. 1998). Por otro lado, es notable nuestra falta de involucramiento con las comunidades en las cuáles trabajamos (Curtoni y Chaparro 2007) y hasta cierta arrogancia de imponer una forma de concepción del patrimonio por sobre las demás visiones (sensu Gnecco 2005:188). En el actual contexto social latinoamericano, donde los procesos de etnogénesis se presentan como respuestas a la globalización, es necesario que los profesionales reformulemos nuestra razón de ser y modos de hacer arqueología.
Reflexiones finales
La vigencia y la trascendencia de los problemas asociados al turismo y al patrimonio, en la actualidad y especialmente en Argentina, amerita mayores espacios de discusión. Estos espacios deberán incluir en la agenda el replanteamiento de principios como son la integración, la sustentabilidad, la interacción con la comunidad y la accesibilidad del público. Asimismo, en el mundo académico, deberían generarse mayores ámbitos de discusión de estos problemas, incluida una formación de grado más amplia que los contemple. No obstante, consideramos que el cambio tiene que ver más con un repensar nuestra disciplina y propia práctica. Como antropólogos no debemos ubicarnos en el centro de la escena imponiendo nuestra visión y reincidiendo, una vez más, en prácticas coloniales del saber.
Agradecimientos
En primer lugar queremos agradecer la información brindada por los Lics. Soledad Gheggi, Pedro Salminci y Andrea Istillarte y las guías Gabriela Cano y Mabel Mamaní. Los representantes de la Secretaría de Turismo de la provincia de Salta nos atendieron cordialmente, al igual que el Sr. Antonio Mercado, director del Museo Antropológico de Cachi. El Lic. Christian Vitry nos facilitó imágenes y manuscritos. Asimismo fueron bienvenidos los valiosos comentarios a los borradores previos de los Dres. María Luz Endere y Rafael Pedro Curtoni. Por último, al Dr. Javier Nastri que lo enriqueció con sus agudas observaciones.
Una versión de este trabajo fue presentado en el simposio de Arqueología y Turismo en el IV Congreso de Arqueología en Colombia donde recibió aportes enriquecedores de los Dres. Fernando López Aguilar y Eduardo Forero. Gracias a la Beca para especialistas en conservación del patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Nación, una de nosotras pudo presentar este trabajo en dicho congreso. No obstante, lo aquí expuesto es de nuestra exclusiva responsabilidad.
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